martes, 1 de septiembre de 2009

Mefistófeles

Al amigo

Un paso, un segundo y tu destino inminente te toma y te arrebata de la letanía; desechar la eternidad fue uno de tus pecados. No espera, no esperaba, alcanzaste, te adelantaste demasiado: un segundo.
Tal vez ahora sos el resplandor de una estrella, o maullido de un gato nocturno que persigue la noche, o sólo el verso en algún libro que se exhibe en cada renacer del día.
Bucanero de los mares encerrados en charcos, en tu rocinante rojo que ahora ya no es tuyo, ese felino que te extraña.
Este espacio que dejas ya no significa nada, este escenario de estrellas artificiales que es sino un soplo de tu aliento alcoholizado que se ha perpetuado por las noches en esta ciudad a la que tanto pudiste amar, que tanto recorriste y que tantos secretos te conto cuando tu oído reclinado al pavimento escuchó que eras el quijote motorizado, el paladín de las letras y los niños que extrañan a Bin Laden en el recóndito pequeño espacio del verde que tu sangre amaba, tu hermano árbol, tu hermana selva.
¿En donde están tus historias ahora que tanto las extraño? ¿Dónde está tu locura cuando la cordura nos invade y nos contamina? Tu voz, esa se queda en el eco del tímpano como aferrándose al último suspiro de la memoria.
Ahora eres cañón. Tu rugido lo escucha la tierra, eres lo que tanto comteplaste en las tardes con aliento alcohólico, y te recordamos y te extrañamos con una lágrima en la garganta.

jueves, 16 de julio de 2009

***

Y entonces por qué lloro,
si fue risa
entonces por qué calló, si fue palabra abierta
entonces por qué huyo si presencia
nos dejó su mirada
Es sólo la pregunta y es entonces
si fue César, es solo la pregunta
ahora entonces?
Entonces qué cuento contarás en las alturas
a dónde inventarás un juego nuevo
entonces qué haremos con tu causa
y con el libro pronto de tus labios, y con todas las ganas, los amigos
qué haremos ya sin cesar ,
qué haremos con tus letras sin tus canas
con el camino abierto que dejaste en tu barba
Seguiremos hasta entonces palabra.


Conchita Avendaño

***

Descanse en paz César Augusto Domínguez Ortíz [Comitán de Domínguez, 18 de mayo de 1954 - Tuxtla Gutiérrez, 25 de junio del 2009] quien publicara en el TUGUCHIS fanzine bajo el pseudónimo de Azathot. La comunidad de promotores culturales se manifiesta fuertemente golpeada ante esta irreparable pérdida. Así mismo el TUGUCHIS fanzine expresa su infinita tristeza y duelo por la pérdida de un gran amigo y colaborador.


Desde donde te encuentres César, sigue enviándonos siempre un poco de poesía.

TUGUCHIS Vol. 1, No. 09

En esta ocasión, el TUGUCHIS Fanzine se complace en presentarles las ilustraciones de Alicia García Sánchez [Licha]. Animales alegóricos que nos remiten a los típidos alebrijes de la tradición mexicana.

En este número:

The fall - Javier Toledo
El borracho - Silvia Angélica Rivera
Fuera de la rutina - Vicko Suárez
Ecuación polinómica - Fausto Carámbura
S/t - Sllenii Sánchez Gabriel

***

Sllenii Sánchez Gabriel

A Teresa Teaiwa

Me encuentro en el estuario de mi vida,
y todo cae,
caigo yo,
me desvanezco ante esta inmensidad de cielo abierto
Y no puedo ver lo que me espera;
tal vez me ha olvidado,
tal vez el río ha abandonado a su triste corriente
y no habrá entonces quién me lleve,
sino de la mano
al menos en un arrastre furioso.
Alguien, cualquiera,
me enseñe dónde está el mar.

Ecuación polinómica



Fausto Carámbura





Hay que aprender a tallar el disturbio entre las cosas,
fijarse de lo que está hecho el mundo,
para salir a recorrer tranquilamente el grito
y su emblema venenoso.
Es peligroso, sin embargo, abordar hacia ninguna parte,
las cosas siempre han de quedar donde jamás habitaron,
colocadas sobre una pulgada más en el abandono,
donde ni por encargo,
saldrán a relucir su fantástico descuido.










(Ilustración de Licha)

Fuera de la rutina

Vicko Suárez


No dormía, pero esa noche compuse, en sueños, la samba más deliciosa y te la canté al oído mientras descansabas después de la gloriosa batalla; te dije que te amaba aunque no era cierto, sólo que en ese momento pude sentir la tranquilidad de la muerte y nada me importaba; quise, por primera vez, decir que amaba a alguien y fuiste tú.
Después de aquella noche hicimos el amor dos o tres veces más, pero ya no fue igual; la noche de sirenas de octubre del 98 nunca se volvió a repetir, volviste a casa con tu marido y yo, a la rutina del trabajo tras el volante y la noche que siempre ocultaba a un chofer con ojos felinos y costumbres noctívagas.