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jueves, 16 de julio de 2009

Fuera de la rutina

Vicko Suárez


No dormía, pero esa noche compuse, en sueños, la samba más deliciosa y te la canté al oído mientras descansabas después de la gloriosa batalla; te dije que te amaba aunque no era cierto, sólo que en ese momento pude sentir la tranquilidad de la muerte y nada me importaba; quise, por primera vez, decir que amaba a alguien y fuiste tú.
Después de aquella noche hicimos el amor dos o tres veces más, pero ya no fue igual; la noche de sirenas de octubre del 98 nunca se volvió a repetir, volviste a casa con tu marido y yo, a la rutina del trabajo tras el volante y la noche que siempre ocultaba a un chofer con ojos felinos y costumbres noctívagas.

El borracho



Silvia Angélica Rivera





Se desesperaba, rascaba su cabeza con impaciencia, golpeaba su frente contra sus manos y emitía gruñidos de león enjaulado. El cuartucho era un agujero en la pared de alguna casa, un nido de ratas, basurero. Semanas antes cuando vio a Lourdes, su hija; ella traía un vestidito verde, como los de los maniquíes de las tiendas de ropa. Entonces ya no era Lourdes, era la manifestación viva de Venus ofreciéndose con ropa para que él la desvistiera. Recordaba apenas el momento de la transformación. Era Lourdes Venus sonriendo llorando ante la lujuriosa furia de Baco vestido de padre. Después se bebió el tiempo en dos botellas, sacó sus ahorros y empujado por alguna razón olvidada salió de casa, vagó por la ciudad, se refugió en ese tugurio y angustiado trataba de descifrar lo que en su cabeza se había vuelto un crucigrama, tenía miedo de leer completo lo que sus recuerdos le ofrecían, alzó la vista y vio la botella de tequila encima de un estante, se puso de pie y fue por ella, se la bebió entera para quedar dormido sobre la mesa, para olvidarse y rendirse resignado a perderlo todo.
(Ilustración de Licha)

jueves, 17 de abril de 2008

Después del terremoto viene la calma


Angélica Rivera


Así estaban las cosas José. Vos no lo viste porque tu brazo se quedó dormido junto a todo tu cuerpo. Los laureles se mecían al principio; y a luego corrían y gritaban. Se desgajó la tierra y todos nos desmoronamos. ¡Cuántos ojos infectados de angustia!, ¡Cuántas bocas abiertas de asombro! Sucedió muy rápido. Nosotros nos brincamos pal otro lado, pero ya era inevitable que vos, con todo y que ya despertabas, te quedaras al otro lado de la zanja. Y pos, ni modo de sacrificarse uno también. Si no
hubieras comido tanto, no te hubieses privado de sueño y habrías sentido todo lo que estaba pasando. Con tanto borlote, quién no iba a abrir los tamaños ojotes para ver cómo corrían todos de allá para acá. Pero soñaste bonito, ¿no?, ¡Ahhh, cómo no!, si yo oía cómo es que llamabas a la Lucía en tus sueños. Si hasta dormido has de ser menso
Ilustración S/T de Domingo Flores
vos. Ya ves, ahora por quedarte jetón, estás condenado a vivir tú sólo en esa parte de la tierra que quedó desolada, contaminada pues. Y eso que aún no se sabe qué tan mala sea esa cosa que cayó. En fin, tú que te quedaste por esos lares, seguramente descubrirás pronto de qué se trata; mientras tanto no te preocupés, yo te voy a traer diario tu comidita, aquí te la voy a aventar pal otro lado. No te preocupés, buscá un lugar donde pasar la noche, con suerte algunos edificios quedaron casi enteritos. Ya lo ves, y vos que querías tu casita de infonavit. Bueno, yo ya me voy Joselito; tú tranquilo, calma, calma que el terremoto ya pasó. Y como dice el dicho...

Mierda II

Azathot

Uno no quiere hablar de mierdadas, pero ¿qué se puede hacer cuando se respira por los poros la cagada?
Son las 17:00 y media
—¿y qué pedo?—
—Pues que nuay—. ¿estará perdida en el limbo del amor? o tal vez en la incertidumbre del placer; en la grata sumisión ante la violencia. ¿Dónde estará? Mi corazón aúlla ante la luna. Hay musas que inspiran versos fértiles llenos de amor y sexo, y otras que inspiran puro dolor. Son tan sublimes que uno no las puede asir y se desvanecen entre los dedos de los pies de los poetas.
Y entonces se tiene que hablar de estiércol en vez de flores. Son las 18:00 y mi corazón me dice:
–no mames, espérate otro ratito, qué tal si no te entendió bien—
—no hay pedo, al cabo el güey aguanta y puede aguantar toda la noche—, pero el animal se impone y decide ir a buscarla en el paraíso perdido de la “madre Roberta”.